No esperes entenderlo...

jueves, 15 de septiembre de 2011

Y ni te enterarás

Ahora, escucha. No me hagas repetirte esto como siempre haces. Siempre. No hay un solo comentario de mi boca al que prestes atención. Cuando oyes mi voz ya estás preparada para lanzar ese irritante: "¿Qué?". Y entonces empieza un poquito. Va calentándose gracias a ti, pero lo medio ignoro. No merece la pena que los dos perdamos los estribos por tonterías, aunque me canse.
Pero hay momentos en los que, por unas circunstancias u otras, directamente arde con intensidad y ni te das cuenta. Litros y litros de bilis se acumulan en mi interior y consiguen que enferme de escucharte y no entenderte o de escucharme y de estar equivocado aunque en realidad piense que no. No lo sé. Cabezota soy, lo admito, pero aquí todos tenemos nuestra parte del pastel y tu trozo es más grande (o no). Es una sensación rara, porque ni siquiera sé qué me pasa pero sí sé por qué. Y me cansa, y te cansa y sigues aún así, porque saltas a la mínima. Y me cansa.
Ya no sé qué hacer. Pero cada vez nos acercamos al cómodo equilibrio en que cada uno vive su vida sin apenas cruzarse con el otro, lo justo, lo necesario, según tú.
No considero, sin embargo, que tengamos peor relación que otros, pero eso no quita que sea una relación extraña para una madre y el hijo que parió en su día.

Todos tenemos nuestros momentos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario