Antes de empezar con esta entrada y siendo un poco egocéntrico, deleitaré a los cuatro gatos que me leen con la experiencia de empezar con este proyecto.
Hacía mucho que no me sentía así: ilusionado, esperanzado, ocupado. También es cierto que empiezo proyectos con ganas y cuando los exprimo dejo de interesarme por ellos a menudo, pero es que este mundo ofrece tanto que no veo el fin. Ya veremos en un par de semanas.
Será por la novedad, pero desde hace un tiempo, cuando me dedicaba a divagar sin prestar mucha atención a la música que escuchaba, una historia o una anécdota me venía a la mente e instantáneamente pensaba que podría publicarla si tuviera un blog, un blog, blog... Confío en que siga así. Solo me pediría (me exigiría) que dejaran de aparecer tantos textos de golpe y se dosificaran a lo largo de un tiempo, no soy un pozo sin fondo.
Basta de "me".
Pequeña historia de ficción
Esfuerzo
Hace algún tiempo, antes de que el siglo XXI planeara su llegada, un hombre de avanzada edad daba clases de guitarra clásica a su nieto. La ilusión se respiraba en el ambiente por encima del olor a madera vieja de los muebles que decoraban el estudio. Emanaba directamente de la mirada del abuelo; el nieto, un poco cabezota, se negaba a seguir las instrucciones de su abuelo. El chiquillo aún era pequeño e interpretaba la ilusión de su abuelo como severidad (de verdad que aquel hombre inspiraba respeto).
La música... esa especie de credo que si sigues por obligación desde pequeño tiene dos salidas: abandonarlo o creer más fuertemente en él. En realidad, el niño no era forzado por nadie más que por la esperanza del abuelo de que la música no se saltara otra generación. Deseaba ver a alguno de sus nietos tocar su instrumento desde el alma, porque, en verdad, ése era el lenguaje que mejor entendía.
Pasaron los años y dentro del siglo XXI, el abuelo decidió dejarse llevar por el viento y el aroma de unas cuantas flores. El viento, egoístamente, también se llevó su alma de un soplido.
Algo quedó en el mundo mortal ya que, al cabo de unos años, su nieto, ya no tan niño, tomó de nuevo el mástil de su guitarra y comenzó a rasguear sus cuerdas, a disponer sus dedos en acordes que poco a poco iban tomando forma, y cuando tomaban forma inspiraban uno nuevo. Ganas de continuar. Ilusión (ya no severidad).
Su otro nieto un buen día cogió un violín.
La adolescencia ya pasó para aquel chiquillo. De su cabeza surgía una basta melena negra que, por lo que vi, soltaba y despeinaba para sentir con más fuerza las notas. No tardó en encontrar un conjunto de músicos con los que formar un grupo y hacer su propia música. Cada vez que lo comentaba, veía al abuelo en el brillo de sus ojos (ilusión). Sé que esté donde esté, sabe que su nieto lo está haciendo, se lo transmite con su música.
Cualquier cuarto forrado de hueveras era bueno para hacer rebotar ondas sonoras contra las paredes, ondas que volvían a los propios músicos transformadas en algo coherente. Tímidas sonrisas se vislumbraban en las comisuras de los labios de los integrantes del grupo en cada momento al saber que eran su propio público y les gustaba. Progresaron, progresaron mucho. Su música evolucionó hasta un estilo alternativo bastante rockero que tan pronto podía hacerte flotar como hacerte sentir presionado, casi aplastado, contra el suelo. Su música paso a ser una droga, cuyo efecto aumentaba conforme pasaba el tiempo. Componían, ensayaban, actuaban, grababan; recogían los frutos de su trabajo. Cada uno de sus conciertos eran un despliegue de sonido, luz, gritos desgarradores, parches aporreados, hasta alguna tarjeta hacía la función de púa. Arte que transmitían a su público.
Fueron los reyes en su nube de estabilidad. Pero el tiempo acaba con todo, sin excepción y empezó a llover. Mantenerse arriba se convirtió en algo verdaderamente costoso. Supieron subir pero, ¿mantenerse arriba?
Primer domingo de abril y cuesta mantenerse arriba.
Pequeño homenaje a vosotros dos
con lo importantes que son los me... no veo porque prescindir de ellos, son los que le dan personalidad al texto =P
ResponderEliminar